- Manuel Rivas: Cuentos de un invierno.
- John Steinbeck: La perla.
Esta semana trabajaremos el libro de Manuel Rivas, una serie de cuentos que tienen algunos elementos en común. En principio, muchos están situados en A Coruña, pero todos tienen una ambientación gallega. Reconocemos nuestros "temas", nuestros sitios, nuestros problemas; algunos rememoran el ambiente de posguerra, la inmigración, el hambre, y todos están escritos con la prosa poética que caracteriza a este escritor. A mí me gustó este fragmento de El partido de Reyes. Vosotros también deberéis elegir un fragmento. ¿Cuál?
Hizo lo más difícil. Intentó driblar al gigante y, de hecho, lo sentó de culo sin tocarlo, pero Tokyo reptó en el lodazal como un cocodrilo y trabó con las fauces de las manos el pie izquierdo de Félix. Era un penalti claro, la máxima pena, pero nadie reclamó. Todos los demás fuimos ralentizando la escena hasta quedar inmóviles y mudos espectadores de aquel duelo. El gigante intentó sujetar la pierna de Félix par derribarlo, pero se fue escurriendo. A la desesperada, agarró la bota, que le quedó en las manos como un pez muerto. Liberado del cepo, tambaleándose, Féliz avanzó hacia la meta. Lo veíamos a cámara lenta. En aquel tris inconcebible, los postes y el larguero de eucalipto, mal pintados, con la memoria reverdecida de la antigua piel, formaban un arco del triunfo en el horizonte. Había dejado de llover. De entre las nubes, salió el efecto especial de un haz de luz que parecía enfocar al héroe. Había surgido también de improviso la pirotecnia del arco iris y pisábamos en las pozas las serpentinas caídas de aquel cielo poco antes pavoroso.
Creo que los de las Casas Baratas y nosotros comprendimos en ese momento, de alguna manera, lo que el viejo párroco, el iracundo don Pedro, llamaba el Estremecimiento Divino. Después de la respresentación de la pasión de Cristo en la Semana Santa, nos interpelaba con el displicente sarcasmo de quien trata con una tribu de paganos irrecuperables: "¿Habréis sentido al menos el Estremecimiento Divino?"
- Eso sí, don Pedro.
Nos daba mucha risa ver al concejar Bartal vestido de centurión romano, con la panza de un buey, las piernas trencas al aire, impartir órdenes por un megáfono: "¡El buen ladrón que tire ese puro! ¡En la cruz no se fuma, hostia! ¡Es un ultimato! Educación, señores, ¡me cago en el infarto del Sagrado Corazón!".
Féliz y el estremecimiento. Los sentimientos tienen días. Oyes hablar de ellos. Están ahí, como una simiente. Hay sentimientos que no nacen nunca, que sólo los conocemos de oídas o los imaginamos. Recuerdo esa escena, por otra parte cómica. La sentí de verdad. Una planta que trepaba por los pulmones, por la garganta y hacía cosquillas en los ojos." (pp. 96-97, Edit. Alfaguara)




